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[Terror Night] Kuroneko*

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[Terror Night] Kuroneko*

Mensaje por June el Sáb Oct 31, 2015 10:30 pm

N/A (1)*: Esta historia es una adaptación del cuento de Sturgeon : Fluffy. Se los recomiendo enormemente ♥ mi adaptación es muy pobre como para haber conservado un poco de su chispa pero aun así espero que disfruten del relato.

N/A (2): Los personajes usados son Eiji y Frey, ¡gracias a los dos por permitirme usar sus personajes en esta adaptación!



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Kuroneko




Eiji se despertó en mitad de la noche en la alcoba de la mansión que le había cobijado los últimos días. Aguzó el oído, pero no había sonido alguno que surgiera de las sombras. Toda la mansión estaba sumergida en silencio...

Joven carismático, provisto de una singular gracia para contar historias y un gran acervo de anécdotas, Eji era solicitado como huésped de las casas más importantes de la alta sociedad de Vermelho sin duda por su gran talento de narrador. Las elocuentes y bellas imágenes verbales que hacía de la gente eran terriblemente bien apreciadas: con sutileza y elegancia contaba cosas tremendamente hilarantes de una familia mientras era huésped de la otra, para hacer exactamente lo mismo la siguiente semana cuando regresara como huésped a esa misma casa de la que ventilara los secretos más vergonzosos. Así se la pasaba el joven Eiji, huésped eterno.  

Esta vez, el anfitrión de Eiji era un hombre bajito y rechoncho cuyo parloteo casi infinito era solo sustituido por sus resonantes ronquitos. Sin gracia alguna, de no ser por su dinero e increíble mal gusto habría pasado desapercibido. Lo único que a Eiji entretenía más de aquel hombre era el culto que le profesaba a su compañero de vida Kuro, un enorme gato negro con pelo tan suave como lustroso y ojos de un amarillo brillante como la luna veraniega.

Desde que la primera noche, Eiji se maravilló del alcance de los ronquidos de aquel hombre, podía escucharlos como si estuvieran en la alcoba de al lado aunque la suya estuviera hasta el final del pasillo. Cualquier sonido por muy fuerte que sea si es constante puede resultar tranquilizador. De modo que Eiji ya se había acostumbrado para su tercera noche al sonido estruendoso de los ronquidos de su buen anfitrión.

Se dice que si uno se ha acostumbrado a dormir con un sonido que se repite con cierta frecuencia, cuando éste se detiene o cambia el ritmo,  el sueño se ve abruptamente interrumpido como si un cañón se disparará en la calma. Precisamente eso era lo que Eiji acababa de experimentar.

Cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, distinguió un pequeño bulto negro aproximarse por el piso sin hacer ningún sonido, éste se detuvo al pie de su cama y lo observó con sus ojos amarillentos. Eiji no era como la mayoría de las personas que en una situación así, hubieran saltado en la cama o gritado, una característica especifica de su personalidad era la impasividad, invulnerabilidad a la sorpresa, por esto no se inmuto al ver tal visión.

El bulto negro trepó a su cama y se sentó en el borde de la misma, bajo los rayos de la luna que se colaban por la ventana Eiji descubrió la identidad de aquel bulto, solo era Kuro.

- No me gustas - dijo el gato lamiéndose con parsimonia una de sus patas delanteras.

Incrédulo ante lo que sus oídos escuchaban, enarcó una ceja. Cosas extrañas había vivido y escuchado pero era la primera vez que un gato le dirigía la palabra.

- Gracias - rió Eiji siguiendo el extraño juego - tu tampoco me agradas...

Antes de poder terminar su sarta de motivos para despreciar a la especie felina el gato le interrumpió para terminar su última frase dando muestra de su destreza verbal, a lo que Eiji solo gruñó bajo.  

- Si los gatos son tan superiores ¿por qué no se deshacen de los obtusos humanos?

- Los gatos por supuesto, son superiores y podrían sin esfuerzo aniquilar a toda la raza humana, ¿pero con qué objeto?, ¿no es mejor tener a los humanos alimentándonos y cobijándonos sin pedir nada más que nuestra presencia? - Eiji soltó una risotada - Dime, ¿te gusta el anfitrión? - continuó el gato.

- ¡No! - exclamó Eiji de inmediato y con gran énfasis -. Es absolutamente insufrible. Me aburre. Me irrita. Es la única persona del mundo que puede hacerme ambas cosas al mismo tiempo. Tiene forma de botella de whisky panzona, pero sin una gota de whisky adentro.

- Cielos —dijo el gato alzando ambas patas con sorpresa—. Detecto cierta sinceridad en todo eso. Me agrada. Es exactamente lo que he sentido durante años. Me tiene harto. Increíblemente harto. Es un hartazgo casi tan grande como el odio que siento por ti.

-¿Por mí?

- Desde luego. Eres una imitación. Eres falso. Ningún animal que suda y se rasura, que les abre la puerta a las mujeres, que se viste con imitaciones igualmente falsas de pieles de animales, puede alcanzar la jerarquía de un gato. Eres presuntuoso.

- ¿Y tú no? – dijo con ironía Eiji.

- Yo soy diferente. Yo soy un gato, y tengo derecho a hacer lo que me plazca. Cuando te vi esta noche, me caíste tan mal que pensé en matarte.

- ¿Por qué no lo hiciste? ¿Por qué no lo haces ahora? – le retó.

- No, se me ocurrió algo más divertido. Kuro extendió una pata delantera, estiró las zarpas: largas y fuertes - Dime, ¿qué te despertó - preguntó el gato, saltando al antepecho - justo antes que yo entrara?

- No lo sé - dijo Eiji - Un ruido, supongo.

- Pues no - dijo Kuro arqueando la cola y sonriendo entre los bigotes - Fue la cesación de un ruido. ¿Notas cuánto silencio hay?

Y así era. En todo ese tiempo no había escuchado un solo ruido en la casa. Ah, sí, ahora oía las pisadas de la criada, cuyo sueño se había visto interrumpido presumiblemente por la misma razón que el de Eiji, que se dirigía de la cocina a la alcoba del amo. Solo eso…

- ¡Ese viejo insípido dejó de roncar!

- En efecto - dijo el gato.

Se oyó el murmullo de la criada, un fuerte estrépito, un alarido escalofriante, pasos resonantes en el pasillo, un alarido más distante, silencio.

- ¿Qué diablos...?

- Sólo la criada - dijo Kuro lavándose la pata, pero clavando los ojos en Eiji - Acaba de encontrar al viejo – hizo una pausa - le desgarré la garganta… - dijo.

Los pasos de los demás sirvientes acudiendo en respuesta al grito de auxilio de la mucama no tardaron en dejarse escuchar. Murmullos. Gritos ahogados. La cara desencajada de Eiji. Realización. Furia. Más pasos, ahora, en dirección a la alcoba del huésped del amo, presunto culpable de la muerte de aquel. Escape. Kuro acicalándose sobre la cama.



--- FIN ---

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